Probablemente entenderΓa mejor el mundo que hoy existe, usarΓa debajo de mi brazo un traductor simultΓ‘neo, buscamos verdades que nos acompaΓ±an dΓa a dΓa, que estΓ‘n allΓ frente a nosotros, pero parecemos sordos, ciegos y mudos; con el braille interpreto, rΓ‘pidamente lo que al tΓ‘ctil de los dedos se percibe, y que fΓsicamente al parecer estoy perfecta.
Olfateo el mejor de los vinos, distingo la belleza del atardecer, ausculto el cantar del ruiseΓ±or, pero esto es espejismo, pues el niΓ±o vendedor de dulces, con sonrisa inocente y ojos desolados, lo veo feliz y amado, pero al consultar el braille sale la verdad: es explotado y forzado.
Miro al mendigo sentado, buscando y comiendo algo; es feliz, no hay queja, y la verdad es que vive en desamor. Levanto la mirada y pongo atenciΓ³n a la madre que corre al mercado saltando, pensando, buscando y ¡sale la verdad!, no es tan sencillo, pasa necesidades para apoyar a sus hijos.
Miro al televisor, escucho relatos airosos: construirΓ‘n carreteras, edificios, puentes, parques, pero al consultar el braille, no pasan de ser hermosas fotos; se esfumΓ³ el dinero de esas obras, ¡quΓ© desconsuelo!
La lista sigue, el braille me deja sin aire. Miro por el retrovisor al vendedor ambulante tiene prisa y talante, su energΓa no termina; trabaja solo 6 horas al dΓa pero mi amigo, ese de puntos y aparte, me sacΓ³ de esa absoluta mentira; lleva 14 horas de pie en la misma esquina, hasta llegar a la cuota requerida.
Definitivamente ese lenguaje de signos es mΓ‘s listo que yo; todo lo revela, a todo le atina. Vi a la cajera del supermercado sonriente, serena y activa, pero en las tardes, al terminar su jornada tiene angustia; corre por su hijo a la FundaciΓ³n Santa MΓ³nica; su hijo es autista. Ella va y vuelve, no descansa, solo ama y ama, pero yo tan solo veo que registra mi mercado pues vivo en ajetreos tan distintos a los de ella, quiero quemar el braille.
¿Por quΓ© hay listas? ¿De verdades que convienen mΓ‘s que esas?
El jardinero que tiene de tarea arreglar las plantas, delicado, concentrado, aplicado, resulta que su verdad es mΓ‘s complicada, tiene Alzheimer, nadie lo nota, porque su silencio es profundo y las plantas no preguntan.
La regente farmacΓ©utica trabaja 24 horas; me despacha sin problemas los medicamentos; diariamente tiene entregas, inventarios, limpieza y nadie sabe que la amenazan constantemente, calla para no perjudicar a nadie, le cobran el diez por ciento, pidiΓ³ un prΓ©stamo al avaro y esto le ha costado sosiego. Yo solo veo que me entreguΓ© y ¡zas! se acabΓ³ el apuro.
Todos los dΓas veo al seΓ±or que vende helados, de sabores variados: fresa, arequipe, vainilla, incomparables, su sonrisa es postiza, con esos dientes que brillan vende habitualmente; otra vez examine el braille, noticias reales, vive solo, en un cuarto oscuro; come poco, duerme poco; tan solo manda cartas con dinero a su madre que vive lejos. Γl sΓ es lo que llaman un alma solitaria y callada.
Sigo, sigo con mi braille recorriendo historias que creo que veo, escucho y cuento, pero el se encarga de mostrarme la verdad incΓ³moda, la que me cuestiona, la que hace llorar, la que eriza el pelo.
La del vigilante que tiene turnos indistintos, sale en bicicleta, da su vuelta, revisa con binoculares, ¡quΓ© dicha alguien me cuida!, y no quiero ver lo que vive, solo tiene un pan y un cafΓ© negro para pasar el dΓa; su salario tiene destino: llevar al peluquero la cuota de una valiosa peluca que comprΓ³ para su niΓ±a con cΓ‘ncer.
Esto tiene mΓ‘s capΓtulos que el mismΓsimo Quijote de la Mancha; solo me di cuenta hasta que encontrΓ© al braille que ve, escucha, habla mejor, siente mejor que yo. Voy a traducir todo al braille, para tener claro, en quΓ© mundo vivo, porque a la fecha todos somos ciegos, sordos y mudos de una forma deslumbrante.
Escrito por:
π¬πππu
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