Mirarse en el reflejo del agua, era lo que siempre hacΓa Lobo todos los dΓas a las tres de la tarde. Γl debΓa cumplir la tarea que su madre, AyuΓ, le encomendaba diariamente: traer agua del hermoso riachuelo cerca de la aldea. Sin embargo, la cantidad nunca fue suficiente, pues eran mΓ‘s de cien en su fratria.
Ese extraΓ±o dΓa, Lobo llevΓ³ la jarra que, sin percatarse, tenΓa una ranura. CaminΓ³ dos leguas, pasΓ³ el puente de madera, se sujetΓ³ del Γ‘rbol donde solΓa mirar curiosamente todo el horizonte y, con sus ojos rasgados, mejillas de piel seca, brazos fuertes y energΓa impetuosa, brincΓ³ fuertemente al llegar al riachuelo para salpicar y refrescarse del calor. Luego, al acercarse lentamente al agua, se percatΓ³ de que su rostro no era el del reflejo; era una imagen que no reconocΓa. Con cierto temor de lo que veΓa, cerrΓ³ sus ojos y se alejΓ³ de la orilla.
Un par de minutos despuΓ©s, la curiosidad hizo que Lobo se asomara nuevamente con sigilo. No veΓa en su cabeza la pluma que acostumbraba a tener. Con sorpresa, abriΓ³ sus ojos y oyΓ³: "Hola, soy George. ¿TΓΊ quiΓ©n eres?" El reflejo hablΓ³ con una voz lejana. Asombrado y con dificultad, Lobo pronunciΓ³: "George". Era tan grande su deseo de conocer quiΓ©n hablaba al otro lado que preguntΓ³: "¿QuΓ© quiso saber quiΓ©n era? ¿De dΓ³nde venΓa? ¿Por quΓ© estaba allΓ en el agua?"
"Estoy en un rΓo, me asomΓ© a la orilla y te vi", dijo George, igualmente confundido e intrigado. George y Lobo decidieron hablar acerca de los lugares que veΓan a su alrededor. AllΓ, Lobo relatΓ³ que vivΓa con muchas personas que tenΓan plumas en su cabeza como Γ©l, que su hogar era una casa de madera grande donde todos compartΓan la comida: frijoles, calabaza y maΓz.
"¡Wow!", lo interrumpiΓ³ George. "Yo tambiΓ©n conozco las calabazas. Las decoramos para nuestras fiestas de Halloween. Y vivo en una calle con muchas casas grandes, pero no son de madera". "Creo que las cosas son muy diferentes donde tΓΊ vives", dijo Lobo confundido. "Mi madre se llama AyuΓ y mi padre es un guerrero con lanza de brazo fuerte y que lucha por toda nuestra tribu. DeberΓas venir a conocer a mi comunidad. PodrΓamos jugar a la pelota", lo invitΓ³ Lobo bastante entusiasmado.
"Mi mamΓ‘ se llama Alice y mi familia es pequeΓ±a", continuΓ³ contΓ‘ndole George, mientras jugaba con el agua cristalina del rΓo. "Tengo un hermano y tambiΓ©n jugamos a la pelota. Te la mostrarΓ©". En ese momento, George desapareciΓ³ del reflejo. Unos minutos despuΓ©s, volviΓ³ con una pelota pequeΓ±a que tenΓa unas lΓneas rojas bordadas y era de un material irreconocible para Lobo. "La lanzamos con un bate de madera cafΓ©, con este golpeamos la pelota fuertemente", le aclarΓ³ George, recreando el movimiento para que Lobo lo comprendiera.
El asombro de Lobo fue inmenso, pues en su tribu tambiΓ©n jugaban pelota, solo que no se comparaba con lo que George le mostraba. Ellos construΓan raquetas de madera con tiras de restos animales y golpeaban una cabeza de venado, a lo que llamaban pelota. Se dividΓan en dos equipos y el primer grupo en anotar gol era el ganador.
El dΓa se oscureciΓ³ y Lobo debΓa volver a donde su madre. "LlevarΓ© el agua a mi hogar. Mi madre se debe estar preguntando por quΓ© me he tardado tanto", le dijo Lobo a George, mientras cogΓa la jarra de agua. Lobo y su reflejo George pensaron en lo misteriosa e interesante que eran sus historias del otro lado del riachuelo. Volvieron a pensar en reencontrarse para terminar su alucinante descripciΓ³n y se citaron nuevamente.
Lobo corriΓ³ como el viento impetuoso, con la jarra de agua, mientras su madre AyuΓ lo llamaba a lo lejos. Al llegar, agotado, mirΓ³ a su madre. "Lobo, Lobo, ¿dΓ³nde estabas? ¿DΓ³nde estΓ‘ el agua?", le dijo AyuΓ despuΓ©s de darse cuenta de que la jarra estaba vacΓa.
Lobo, asustado, le contΓ³ sin tomar aliento que habΓa visto a un niΓ±o llamado George al otro lado del reflejo del riachuelo. AyuΓ le pidiΓ³ que se calmara y le dijo que no era posible ver a alguien al otro lado del agua. "No hay tiempo, mamΓ‘. Debo llevarle la cabeza de venado a George antes de que desaparezca y mostrarle cΓ³mo son las cosas aquΓ", le dijo Lobo a su madre. Agitado, saliΓ³ corriendo de nuevo hacia el lugar. AyuΓ, inquieta, corriΓ³ detrΓ‘s de Lobo y tratΓ³ de alcanzarlo, pero en ese instante, Γ©l saltΓ³ al riachuelo como quien quiere llegar a lo mΓ‘s profundo. AyuΓ, desconcertada, se asomΓ³ y lo llamΓ³ con un grito angustioso-
Cuenta la historia que, desde ese entonces, Lobo juega con su nueva pelota pequeΓ±a sin parar y se asoma diariamente al borde del riachuelo para ver si puede volver a ver a su mamΓ‘ AyuΓ.

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