El recuerdo de ella quiero contenerlo en mis vivencias diarias, tomando el cafΓ© en la maΓ±ana como lo hacΓa ella, quiero caminar sobre sus mismos pasos en el asfalto, recorrer habitualmente la ciudad pensando que antes por ahΓ ha estado ella. Mi deseo e ilusiΓ³n son profundas por imitar la historia de MarΓa Teresa.
Tratar de repensar Por quΓ© aΓΊn despuΓ©s de tantos aΓ±os vienen de repente destellos en mi memoria sobre sus visitas al parque, tomarla de la mano y llevarme al columpio, correr tras el trozo de madera para lanzarle a su perro Toby. Nada borra esas imΓ‘genes; MamΓ‘ comΓa en el banco unos ricos bombones y luego me permitΓa agarrar uno al final del juego. No olvido sus besos, su aroma inconfundible.
El apretΓ³n de la mano para sostenerme dando vueltas como un trompo. Y quΓ© decir de sus palabras cariΓ±osas, dulces, sentidas. Nadie podrΓ‘ arrebatar el recuerdo de ella, conservar la ropa que dejΓ³ en el armario, el cepillo de peinar, la pashmina roja, han sido tareas arduas, objetos que conectan con su esencia, pues mi padre no para de odiarla, y yo no paro de amarla.
A pesar de que todos dicen que me abandonΓ³, que se fue sin razΓ³n aparente, que huyΓ³ sin dejar rastros, eso no es verdad. Me quedo con su mirada, con sus risas a carcajadas, su sonrisa genuina, su aliento de yerbabuena. Es mΓ‘s, todos querΓan difamarle, pero en mi mente estΓ‘ lo bueno, lo dulce, lo entraΓ±able que quedΓ³ en mΓ para siempre.
A mis dieciochos aΓ±os, la fecha que para estos tiempos es ser grande, y es legalmente propio buscarla, pues antes me era negado. No fueron suficientes los avisos con su foto en el poste del alumbrado; no hay rastros, pero guardo la esperanza de oΓr nuevamente su voz y que en un justo y limpio juicio sea escuchada, pues quieren robarse el tΓtulo de madre, pero ese estΓ‘ rotulado para siempre.
Ella huyΓ³, sΓ, pero algΓΊn dΓa me explicara por quΓ© lo hizo y no guardarΓ© las palabras abruptas que mi padre querΓa incrustar en mi mente. Tengo la opciΓ³n de esperar su versiΓ³n; me la merezco, me la permito. En cuanto timbrΓ³ el telΓ©fono, salΓ corriendo, mi corazΓ³n latΓa rΓ‘pidamente, tenΓa la corazonada de que con tanto anuncio clasificado llamarΓa, y asΓ fue. TΓmida, lenta y suavemente dijo mi nombre y afirmΓ³: "Soy MarΓa Teresa, hija.” No tuve otra opciΓ³n y en el colectivo imaginario e injusto hice todo mal, pero en la luz del corazΓ³n de una madre quise protegerte de mis errores; tu vida estaba mejor sin mΓ. Me arrepiento, sΓ, debΓ haberte llevado conmigo.
Pero el riesgo era inminente, no te mereces deambular conmigo las noches, mendigar los alimentos; tenerte a salvo fue mi paz.
Ahora tengo la imperiosa tarea de unir, como fichas de un rompecabezas, todo lo que me cuenta MarΓa Teresa. Quiero detalles, necesito aliviar mis pensamientos y compartir con el mundo que estΓ‘s aquΓ, viva y dando la cara a pesar de las heridas.
Mi padre, furibundo y energΓΊmeno, estΓ‘ plenamente enterado de que ha vuelto mi madre, que he vencido la batalla de las confusiones del pasado y el presente.
Hoy, en el concurrido parque del Retiro, podremos conversar; la hora serΓ‘ la que ella elija.
Pero ahora debo conversar con mi padre para que asista conmigo. Entiendo que tiene miedo, rabia y desasosiego, pero es lo correcto; no podrΓ‘ evitar este reencuentro. RaΓΊl, mi padre, ya no tiene pelo; los aΓ±os y la vida le han arrebatado otras cosas mΓ‘s que el cabello. Le han robado la alegrΓa y se ha convertido en un hombre silencioso y gruΓ±Γ³n. La forma de educarme era rara: yo vestΓa solo camisetas y jeans, no tenΓa un corte de pelo definido y mis uΓ±as estaban casi siempre sucias; eso de los buenos modales... No era para mΓ, RaΓΊl no me lo enseΓ±Γ³. Cuando tuve mi primera regla, no sabΓa quΓ© hacer, no tenΓa con quiΓ©n hablar y lo ΓΊnico que hizo mi padre fue traer compresas de todos los tamaΓ±os, colores y marcas. Crecer al lado de un hombre con tantos silencios hace daΓ±o, y eso alimentΓ³ en mΓ el anhelo de aΓ±orar a MarΓa Teresa. Esas cosas de niΓ±as no tuvieron un espacio en mi recuerdo, y a la fecha soy una mujer simple y desalineada. Puede que en el futuro sea calva. Ja, ja, ja.
La historia es simple pero verdadera: los enamoramientos de juventud son sΓ³rdidos e incomprensibles al ojo humano. RaΓΊl, vagabundo y cantante de mariachis, enamora a MarΓa Teresa, que tan solo tenΓa 14 aΓ±os. Es una completa y alocada historia de amor de los aΓ±os 60, todo en su contra desde el principio; nada encaja con nada: ni las fechas, ni el beso, ni los lugares. Pero de nuevo, yo estoy en medio de estos personajes abrumados por una prematura familia no deseada. ¿QuiΓ©n explica estos detalles?, cuando lo ΓΊnico relevante de la historia es que mi madre huyΓ³. Esto no ha sido perdonado ni ahora ni nunca. En tiempos de siempre, ninguna mujer puede equivocarse. Si se es madre, la ΓΊnica e indiscutible opciΓ³n es quedarse, para que no le quiten la etiqueta. RaΓΊl ha tenido que acudir a la difamaciΓ³n para excusar su maltrato, pues MarΓa Teresa no aguantΓ³ ni el primer golpe; lo esquivΓ³ como un boxeador y prefiriΓ³ irse, porque de una cosa estuvo segura siempre: a la bebΓ© que soy yo no la maltratarΓa.
TendrΓa que enfrentarse a la familia entera y a los ojos vigilantes de una familia inquisidora. El cara a cara ha llegado, y RaΓΊl y MarΓa Teresa deben por fin enfrentar los demonios del pasado. No hay marcha atrΓ‘s. RaΓΊl acusa y reprocha constantemente. Me miran, me quiere convencer de que su verdad es la que debe retumbar en mi cabeza. MarΓa Teresa dice que RaΓΊl debe tener la valentΓa de decir la verdad por su cuenta, y no esperar que sean otros los que lo confronten. Todo sigue igual, en cΓrculo, parados en el pasto, donde las aves, el viento, la sensaciΓ³n de aire caliente, y el ruido de las avenidas cercanas son el telΓ³n de fondo de este reencuentro. MarΓa Teresa relata sus aΓ±os de penurias, de la culpa que la aquejΓ³ por mucho tiempo, y de la lucha por encontrar de nuevo un lugar donde empezar. Al final de la lista de revelaciones, mi madre dice que a veces me vio en el colegio, y que, en fotos de las redes sociales, conociΓ³ mi cambio paulatino, tengo que confesar que me sorprendiΓ³.
El propΓ³sito estΓ‘ completado. Las mΓΊltiples formas que buscamos los seres humanos para encontrar explicaciones a lo inexplicable nacen del deseo genuino de amainar el sufrimiento, pero este se da sus formas para revolver en los entresijos de nuestra memoria. Ya RaΓΊl y MarΓa Teresa lo han dicho casi todo, y tengo la libertad de quedarme con los buenos momentos y seguir amando mis recuerdos con la misma intensidad con la que guardo el olor a hierbabuena del aliento de mi madre. RaΓΊl es el bueno o es el malo; mΓ‘s bien se dedicΓ³ a ser un espectador.
Escrito por:
Andru
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