El campo de mi tierra colombiana huele a tantas cosas: leΓ±a, sopa, humo y hasta un Γ‘rbol de frambuesas existe en mi recuerdo. La abuela Georgina lograba convocar en la mesa, "mesa que, por cierto, tenΓ­a serios problemas de estabilidad". Ella calculaba preparar una rica mermelada para quince o veinte personas, diluyendo en su estufa de leΓ±a unas ricas frambuesas que tomaba de su Γ‘rbol, era propio y estaba rodeado de un pequeΓ±o encierro de alambres que custodiaban sus frutos, donde no se podΓ­a pasar sin previa autorizaciΓ³n. 

Ella tomaba las maduras y con sus corrugadas manos palpaba las que tenΓ­an el toque de maduraciΓ³n exacto, posterior a ello las incluirΓ­a en la mermelada, azΓΊcar, leΓ±a, el fuego correcto eran la medida exacta para su secreta preparaciΓ³n, un par de horas, un aislamiento planeado entre la cocina y el comedor para que nadie le ojeara la receta y con su mirada fisgona la estropearΓ‘, el olor que salΓ­a de la cocina era exquisito, algunos esperΓ‘bamos impacientes la distribuciΓ³n, ella tenΓ­a en su alacena unos recipientes asignados para entregar la medida exacta y que cada miembro de su pequeΓ±a parcela tuviese la posibilidad de saborear tan rica y exclusiva receta, algunas veces tenΓ­a la idea de introducir el dedo en el recipiente grande y degustarla con agrado solo lo imaginaba en mi cabeza, pues sabΓ­a que con el carΓ‘cter recio y gruΓ±Γ³n de la abuela eso no serΓ­a posible, mis ojos observaban por la ranura de una vieja puerta de madera que si se movΓ­a podrΓ­a delatarme de lo oxidada que estaba, creo que recuerdo la escena claramente de las manos de la abuela mezclando todos los ingredientes no usaban ningΓΊn medidor, ni espΓ‘tula, ni gramera, estos utensilios en el campo no tienen un lugar, cucharas de madera, cuchillos sin filo y sobre todo lo certero de ese cΓ‘lculo, tan solo sus ojos y su mano temblorosa, el azΓΊcar, la fruta y su mano exprimiendo el limΓ³n, nadie lo sabΓ­a pero con este ingrediente se lograba el sabor y textura correcta, como no recordarlo sin sonreΓ­r, sin suspirar pues aun cuando lo traigo a mi recuerdo, veo sobre la mesa una fila de mermeladas repartidas de distintos tamaΓ±os y para diferentes invitados, los nietos mayores y preferidos tenΓ­an derecho a una cantidad mΓ‘s grande y los no tan importantes en unos pequeΓ±os, porque los amores de las abuelas algunas veces son selectivos, entraΓ±ables y exclusivos, lo importante de esta mermelada de frambuesa es el cariΓ±o de la abuela Georgina ella que perdiΓ³ la memoria a sus setenta aΓ±os y hoy no sΓ© cuΓ‘ntos limones exprimiΓ³ para aquella receta tan aΓ±orada.