Dijo alguna vez en tantas frases sueltas y deliberantes Gabriel GarcΓa MΓ‘rquez, yo escribo para que me quieran, ilusiΓ³n o frases al aire, no hay nada mΓ‘s ajeno a esa realidad que ese entramado de palabras, pues aveces logramos el amor de personas inesperadas y aveces el cariΓ±o de otros seres pasajeros, pero de los que necesitamos y deseamos, no llega nunca, Amanda Millar, mujer simple y aplacible deseΓ³ la aceptaciΓ³n de sus seres cercanos, pero al contrario de Γ©stas posibilidades se encontrΓ³ con la ligereza, de quienes a su alrededor buscan minimizar los sueΓ±os, no lo comprenderΓ‘s, remar hacia aguas desconocidas y fangosas nos da cierta fuerza, cuando Amanda tenΓa veintitrΓ©s aΓ±os no dudΓ³ en replantear su destino, cruzo la exploraciΓ³n de la mejor carrera universitaria y tambiΓ©n el acto temario del conocimiento sin la academia, elecciones probables en un mundo de posibilidades vigentes y retadoras, tener el espΓritu de la curiosidad siempre en On, es la idea acertada de la vida, cuantas puertas se quedaron cerradas y otras por golpear, para encontrar los amores y desamores indicados, el hilo de la frase del brillante escritor colombiano lo reformulo afirmando ¡es posible que nunca nadie se de por enterado que estΓ‘s buscando su aprobaciΓ³n y cariΓ±o! y desafortunados son los que insisten en esos escenarios, porque vienen por aΓ±adidura y con el paso de los aΓ±os, eso se lo dijo Amanda a la tumba de su Padre, antes no fue posible pues reinΓ³ el orgullo, sentimiento perturbador de nuestras esencias humanas, quien gana y quiΓ©n pierde, al final todos, no se llama amor a nada que combine con orgullo, suena mas bien a desinterΓ©s; Eduardo el hombre de la tumba, nunca eligiΓ³ a la querida Amanda y Amanda recibiΓ³ siempre su desamor ¿ Por quΓ©? por el exceso de expectativas y anhelos implicados.
Eduardo no tenΓa la intenciΓ³n de esta insensible actuaciΓ³n; sin embargo, los encuentros que no se dieron, las preguntas sin resolver, los silencios incrustados, la vida misteriosa y complicada de aquel Eduardo Millar, hoy no nos deja de sorprender a los testigos del desenlace. Su oficio de artesano, como un viajero obligado, trae ciertos desprendimientos, entre ellos el amor que se abandona en un cajΓ³n para evitar el compromiso.
Amanda y Eduardo no cruzaron sus caminos anhelados; mΓ‘s bien, como en las filas de los juzgados, tomaron distancia y la oportunidad de las palabras pendientes se dio en un lugar donde la tierra es frΓa y el viento da escalofrΓo.
El mensaje decΓa: No hay remedio, no coincidieron nuestras agendas, ame una imagen tuya a blanco y negro, ame un recuerdo, suspirΓ© profundamente desde las vΓsceras por un beso apretado en la mejilla, aΓ±oraba tΓΊ mano con la mΓa, contenΓa tΓΊ cariΓ±o con recuerdos y con eso me quedo, con estas palabras hoy cierro ese dilema del reencuentro, ¿quien debΓa llamar?, ¿quien debΓa buscar primero?, ¿quien debe dar el primer paso?, ¿quien debe todo?, y al final no se debe nada, se da hasta donde nuestros afectos nos lleven, se madura la existencia con la entereza que nos permite avanzar mΓ‘s allΓ‘ del sentimiento, no hay negocio en el amor, solo existe lo intangible y lo llena lo tangible, para comprender que solo somos seres humanos llenos de pequeΓ±as corduras, el resto de la vida de Eduardo se viviΓ³ y se llenΓ³ con aventuras.
Te llevo en la memoria y tu recuerdo es memorable, poco o mucho, son mis regalos.
Agradezco tu vida y la mΓa, aunque no se hayan cruzado.
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